El comedor benéfico se encuentra «desbordado» al repartir ya trescientos menús diarios, el doble que el pasado verano.

La crisis sanitaria no ha venido sola. Tras de sí ha dejado la sombra de una recesión económica profunda que ya ha comenzado a asentarse de forma abrupta y con ella, las realidades sociales más desgarradoras no han dejado de salir a la luz durante estos seis largos meses en los que las entidades benéficas lo han dado todo de sí. En pleno mes de agosto, la Cocina Económica de Oviedo, regentada por las Hermanas de la Caridad, está «desbordada». Con una media de 300 menús al día, las monjas y los voluntarios están doblando las cifras de atenciones de veranos anteriores. Así lo explicó ayer, en declaraciones a EL COMERCIO, la responsable del comedor benéfico, Sor Esperanza Romero.

«Hubo un momento en el que parecía que la cosa estaba empezando a bajar», relató la hermana. La salida del confinamiento y el cobro de las prestaciones sociales, cuando llegaron, comenzó a reducir durante los pasados meses el número de usuarios individuales y familias que requerían los servicios del comedor. Sin embargo, lamentó Romero, «está volviendo a subir y de forma rápida», aseguró.

La Cocina Económica lleva funcionando desde 1888 y recibiendo apoyo municipal desde 1982. Las colas para adquirir estos menús comienzan a las doce y media del mediodía y se repiten de nuevo entre las cuatro y las cinco de la tarde. En los momentos más duros de la pandemia y el confinamiento de la población llegaban a doblar la esquina hasta el monasterio de San Pelayo, y el equipo de hermanas y voluntarios repartían hasta cuatrocientas comidas y cenas diarias entre la recogida presencial y el reparto a domicilio, un 40% más que en años anteriores.

Asamblea de hermanas

Por otra parte, Sor Esperanza también afirmó que en septiembre se celebrará la asamblea de hermanas que se reúne cada seis años (prevista para este mes, pero aplazada por la pandemia) para decidir si la cabeza visible de la Cocina Económica cambia o no. Romero lleva nueve años al frente, los seis permitidos más tres de prórroga, según los estatutos de la entidad. «En septiembre decidirán si sigo o no, yo no sé qué pasará, cualquier camino sé que será por mi bien y tengo claro que hay otra gente que lo puede hacer mejor». No obstante, enfatizó, «los tiempos actuales son para trabajar, el resto se verá», sentenció la monja.